Hace unos días le escuché a un vecino que vive en los bajos de mi casa algo que llamó mi atención.
Francisco es un hombre relativamente joven, que no pasa de los cuarenta
años y tiene dos hijos: uno de siete y el otro de cuatro años y como
cualquier padre responsable, se preocupa y ocupa de la educación de sus
hijos.
Hace unos días,escuché que le dijo al más pequeño de los niños:
-No llores más compadre;¡eso es cosa de mujeres!...
¡Que frase tan fuerte para un niño y menos si tiene cuatro años!Pero
estoy convencida que a muchas personas esa frase le suena familiar….
¿Alguien te dijo alguna vez que los hombres no lloran?
En algunas culturas, se le inculca al varón ese falso concepto de
hombría, que para lo único que sirve, es para que el niño aprenda a
reprimir desde edad temprana una de las necesidades fisiológicas más
importantes que tenemos algunas especies de mamíferos para
identificarnos sentimentalmente con algo o alguien.
Ese concepto
además de machista, es totalmente erróneo; porque los hombres deben
llorar al igual que las mujeres, pues como dice un viejo poema: ¨también
tienen el alma débil como nosotras¨.
Por esa falsa creencia,
existen hombres incapaces de exteriorizar sentimientos íntimos y eso los
convierte en individuos infelices e insensibles.
No solo existen
hombres con ese concepto; hay mujeres machistas que tal como sucede con
Francisco, no soportan ver a un varón llorando todo el tiempo aunque sea
un niño y por esa razón, lo reprenden, ya que lo consideran una actitud
de debilidad masculina.
Estoy consciente, que manifestaciones como
esta, son más culturales que ancestrales; por esa razón, debemos tener
cuidado con los valores que le inculcamos a nuestros hijos, para que no
crezcan con esos falsos conceptos que nada tienen que ver con el sexo,
la sexualidad ni mucho menos con la moral ni la hombría.
Carmen Tamara
Zoé Valdés (escritora), Lázaro Valle (pelotero) y Héctor Valentín
(cantante). Tres figuras consagradas que vivieron en una etapa de sus
vidas en el municipio donde crecí, La Habana Vieja.
Creo que
resulta agradable e interesante, que alguien con quien no tengamos
compromisos de ningún tipo hable de esas cualidades que sin darnos
cuenta lanzamos al universo por la forma de proyectarnos ante la vida.
Limón limonero, las niñas primero. Mi relación con Zoé Valdés fue
limitada; sólo fuimos casi vecinas por la década de los setenta. Ella,
vivía en la calle Empedrado entre Monserrate y Villegas y yo en
Villegas entre Empedrado y San Juan de Dios. Por esa razón, de cuando en
cuando, intercambiamos algunos saludos de cortesía al encontrarnos por
casualidad transitando por las calles del barrio; es que ambas
direcciones están muy cerca, literalmente al doblar de la esquina, como
diría un buen cubano.
La imagen que aún conservo de Zoé hasta hoy,
puesto que dejé de verla hace muchos años, está relacionada con una
muchacha decente y tranquila; más bien la describiría como una persona
introvertida o tal vez un poco tímida, puesto que, nunca la vi
relacionarse con nadie del barrio, o tal vez era yo quien no socializaba
bien…¡Vaya usted a saber!.
Un día, mirando las noticias culturales
del periódico Juventud Rebelde (si mal no recuerdo), veo el nombre de
Zoé Valdés, relacionado con un premio de poesía o algo similar.
Me
quedé sorprendida y hasta me puse contenta; porque nunca imaginé que esa
chica de bajo perfil que se movía por las calles del barrio, casi
siempre acompañada del que fuera su novio por aquel entonces (Rogelio),
con el cual hacía una bonita pareja, ya era una artista en potencia. Con
el paso del tiempo se convertiría en una de las jóvenes talento más
interesante en el campo de las letras de su generación, hasta llegar a
lo que es hoy, una escritora de primer nivel.
Alrededor de esos
años también de la Habana vieja, salen a la palestra dos figuras que al
igual que Zoé, se movían entre los pobladores del barrio como simples
mortales (sin oficio ni beneficio), sin que nadie imaginara que en poco
tiempo, dejarían el anonimato para que sus nombres comenzaran a sonar en
el deporte y la música, convirtiéndose en personalidades muy queridas
en su comunidad y en todo el país; ellos son: Lázaro Valle y Héctor
Valentín.
En el caso de Lázaro Valle, estudiamos juntos en la
primaria; creo que hicimos el tercero y el cuarto grado en la escuela
¨Chullima¨.
¡Que puedo decir de Lazarito como compañero de escuela!
Además de ser un buen estudiante, era cariñoso y muy respetoso, sobre
todo con las niñas.
Todavía recuerdo como él y yo comenzamos a
socializar en el aula: él me soplaba los exámenes de matemática y yo le
enseñaba a tocar rumba sobre el pupitre. Algo bien curioso porque no sé
dónde aprendí esas células rítmicas… ¡pero de que me salía bien, me
salían!
El recuerdo que más conservo de Lázaro desde niño y después
de joven, fue jugando pelota, tanto en la calle Cuarteles donde vivía,
como en los parques aledaños al Anfiteatro de la Habana. Y no fue en
vano, porque se convirtió en una gloria del beisbol siendo uno de los
mejores lanzadores que haya tenido Cuba.
Aunque hace muchos años
que no lo veo, porque salí de La Habana Vieja hace más de treinta años y
de nadie me despedí, ni siquiera del perrito chino. Todavía conservo
en mi memoria ese carácter bonachón y alegre que mostraba cada vez que
nos veíamos, cualidad que sin lugar a dudas lo hacía una persona muy
especial, sobre todo cuando al saludarme, mencionaba mi nombre con los
dos apellidos y con una sonrisa de oreja a oreja me preguntaba: ¨¿ya te
aprendiste la tabla del siete?¨
¡Aquello me daba tanta gracia!
Porque ya éramos adultos pero a él no se le había olvidado aquel pasaje
de mi vida como estudiante. ¡Qué cosa!
En cuanto a Héctor Valentín, al principio sólo nos conocíamos de vista, aunque ambos crecimos en la Habana vieja.
Una vez, yo andaba buscando un cantante para un grupo musical que
estaba formando y un hermano mío lo recomendó; lo escuche cantar y me
dije: tú eres lo que busco. Así comenzó a dar sus primeros pasitos en la
música ¨el Vale¨, como cariñosamente le decimos las personas más
íntimas.
No pasó mucho tiempo para que agrupaciones establecidas
cómo Elio Revé y Adalberto Álvarez reconocieran sus condiciones
excepcionales como cantante en su paso por esas agrupaciones.
Héctor
Valentín, es uno de los pocos cantantes que conozco y reconozco, capaz
de pasearse por cualquiera de los géneros de la música popular cubana y
desafiar con esa voz privilegiada canciones tales como, ¨O sole mio´,
interpretada magistralmente en uno de los tantos programas ¨Mi Salsa¨,
que se trasmitieran hace algunos años por la televisión cubana y que
por esa razón, recibiera de Víctor Torres el título musical ¨El tenor de
la salsa¨.
Como en los casos de Zoé, y Lázaro, también dejé
de verlo hace muchos años por la misma razón, a diferencia que con él,
sí intercambio saludos afectivos a través de Facebook… ¿Verdad Vale?
Sin temor a equivocarme señores, me atrevo a decir que
hay muchos cubanos dentro y fuera de la isla, que se sienten tan
orgullosos como yo de ustedes, porque han sabido prestigiar con el
talento que le fue otorgado por la madre natura, la cultura y el deporte
cubano para convertirse en hijos pródigos de esta hermosa tierra, amén
de sus posiciones ideológicas.
Entonces, como diría un coro, de una
de las canciones que popularizara Valentín con su banda años después,
voy a concluir este post. El cual dice: ¨CON ESTA GENTE YO NO QUIERO
LIO, ESA GENTE, SON DEL BARRIO MIO¨. Zoé, Lázaro y Valentín.
Que el
señor me los bendiga porque con ustedes no hubo casualidad, la suerte
los besó desde que estaban en el vientre de sus madres. ¡ FELICIDADES!

Carmen Tamara
A mediados de los años 90, en pleno boom de Manolín el Médico de la
Salsa y todo lo que aconteció en la música popular cubana por aquellos
años, nació en la barriada del Vedado una agrupación musical, formada
enteramente por mujeres.
Eran todas jóvenes egresadas de las
distintas escuelas de artes, pero la gestora de este ambicionado
proyecto, era una mujer soñadora que sin conocimientos de música y mucha
fe en sus orichas, se propuso hacer una agrupación femenina con un
formato de Charanga, para rendirle culto a la emblemática orquesta
Aragón, con la cual creció escuchando su música.

Yamila Morales,
como artísticamente se le conoce, es la directora general de la orquesta
Yamila y su Charanga F (femenina), de la cual tuve el privilegio de ser
la bajista, arreglista, directora musical y fundadora, después que el
gran músico Lázaro Agustín echara andar aquella maquinaria tras realizar
los primeros arreglos musicales para la agrupación,.
Rápidamente,
la orquesta supo colocarse en un status privilegiado junto a otras
agrupaciones femeninas ya establecidas, como Anacaona, Canela, Lady
Salsa, Las chicas del Sol y muchas más, haciendo la diferencia por su
formato y sonido musical.
Uno de los peldaños más altos alcanzados
en aquella época, fue en el encuentro de agrupaciones femeninas que se
realizara en el entonces Palacio de la Salsa del hotel Habana Riviera,
allá por los años 95 o 96….
Fueron muchas las experiencias vividas
por las integrantes de aquella joven agrupación, tanto en lo musical
como en lo personal, lo mismo dentro como fuera del país.
Tuvimos
el honor de compartir escenario con agrupaciones de primer nivel como NG
la Banda, en la Casa de la Música de 20 y 35, con Manolìn el Médico de
la Salsa, en Varadero y con Elito Revé y su Charangòn, en uno de los
tantos festivales de Charangas que se realizaron en Mayarí con
agrupaciones del patio de gran prestigio y popularidad por aquellos
años.
Cuánta nostalgia pudiese brotar al mirarnos en las fotos que
se le hicieron a la orquesta, y que alguna de las integrantes aún
conservamos después de más de vente años. ¡ERAMOS TAN JOVENES! es la
frase que más diríamos a estas alturas del campeonato. PERO TAMBIEN MUY
PROFESIONALES, en todos los escenarios nacionales o internacionales
donde prestigiábamos en cada presentación el nombre de la orquesta.
Hace unos días, aprovechando la visita a Cuba de Ibis María, una de las
vocalistas más estelares que pasó por la orquesta de Yamila y su
Charanga y por demás, también fundadora, quise agasajarla con un par de
fotos que conservaba, de una de las tantas presentaciones que hicimos en
Suchel, sin que ninguna de las integrantes tuviese la sospecha de que
estas fotos estaban en mi poder.
Al publicarlas Ibis en Facebook y
vernos nosotras 20 años después, una mezcla de alegría y nostalgia por
lo que juntas vivimos por aquellos años, nos inundó a todas y sería
además, la razón por la cual yo escribiría este post, después de tantos
años de aquella presentación.
Quisiera concluir este artículo
dándole gracias a Dios por la existencia física de cada una de nosotras,
aunque por azares del destino, muchas vivamos en países diferentes.
Y agradecerle a Yamila, desde el corazón, por la valentía que tuvo para
mantener viva en cada una de nosotras la fe cuando en sus inicios, la
adversidad parecía poner a prueba su voluntad para seguir adelante donde
otros deciden parar.
Y es que ni siquiera contaba con instrumentos, equipos ni dinero para sustentar el proyecto.
Pero la constancia y el esfuerzo vencieron y no pasó mucho tiempo para
convertir aquel sueño en feliz realidad, no solamente para ella, sino
también para todas nosotras, resultando ser la motivación para que en
años posteriores, casi todas sus integrantes tuviesen sus propios
proyectos.
Llegue a cada una de ustedes este humilde y sencillo homenaje por lo que fuimos, ¡ lo que somos y seremos: ¡Charangueras!

Carmen Tamara